Impresiones sobre “La maravillosa vida breve de Oscar Wao” – Por Javier Solís

Recientemente, navegando por internet, leí que este libro había sido elegido por la BBC como el mejor de todos los que habían sido escritos en el siglo XXI. Justo en esos mismos tiempos, cuando yo estaba decidiendo qué novela comenzar a leer a continuación, la tenía entra mis candidatas, pero admito que de todas era una de las que menos me llamaban la atención. Y no porque no tuviera credenciales, pues ya sabía que pocos años antes se le había concedido el Pulitzer, lo que ya la elevaba a los altares literarios del momento, sino seguramente por el desconocimiento casi total de la realidad que en ella se condensaba. Sin embargo, tuvo que ser esa clasificación, siempre frívola como casi todas las comparaciones artísticas, la que me estimulara de algún modo del que me siento poco orgulloso. Fue una especie de “dejarse llevar” por la opinión general para orientarme en la dirección de este texto que, si no, tal vez hubiera estado cogiendo polvo durante meses en la estantería.

A través de una prosa rápida y comprensible, mezcla de una fluida narración con las expresiones coloquiales del lenguaje contextual callejero, la novela de Junot Díaz es la historia de un chico dominicano de Nueva Jersey desde su adolescencia hasta la primera madurez, contada desde el punto de vista de los testimonios de los tipos que le conocieron y de algunos miembros de su familia, protagonista del relato al mismo nivel que el muchacho, pues es a través de las raíces de su madre y de su abuela que se comprende el complejo contexto histórico que envuelve la historia, que desemboca en la situación del protagonista, Oscar Wao, un chaval con sobrepeso y friki en el más amplio y completo significado de la palabra. Pertenece a ese tipo de individuos aniquilados en los institutos por ser considerados raros, perdedores, absolutamente ignorados e incluso ridiculizados por el sexo opuesto, fuente y causa primordial de la mayor parte de los quebraderos de cabeza de los que lo sufren. Pero la imaginativa vida de Oscar y sus desventuras es sólo la excusa, el pretexto para desarrollar una realidad social más compleja acerca de la inmigración dominicana y sudamericana en Estados Unidos, las personalidades proliferantes, las relaciones entre hombres y mujeres, el difícil papel de estas últimas, deseadas como objetos hermosos en mitad de un machismo sofocante. Y, al mismo tiempo, se adentra en el pasado, en los orígenes familiares en Santo Domingo, en la abrumadora y aplastante dictadura de Trujillo, un régimen que nos hace pensar que aquello que escribía Gabriel García Márquez en “El otoño del patriarca” no sólo es posible, sino que puede llegar a quedarse corto al lado de los experiencias que muchos han debido de soportar. Existe, en este tipo de épocas, un condicionamiento social tan salvaje que los resultados se notan en los afectados durante generaciones enteras, un impacto en formas y maneras de pensar, de concebir el propio concepto de ser humano que luego se extiende en el tiempo; se condensa en actitudes y en comportamientos como los que, a la postre, ejemplifican el desenlace de la vida del protagonista, el resultado final de sus obsesiones truncado en una realidad en la que, en muchas ocasiones, la existencia individual no tiene valor alguno.

Crítica realizada por Javier Solís

jsolisros@gmail.com

“La maravillosa vida breve de Oscar Wao” (Junot Díaz)

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