Impresiones sobre “Pregúntale al polvo” – Por Javier Solís

En una ocasión, hace mucho, paseando por una librería del barrio, entraron tres mujeres de edad madura, risueñas y bien vestidas, que sin embargo esparcían algo así como un cierto aroma bohemio, artístico y literario; y comenzaron a observar las estanterías a mi lado, clavando miradas interesadas, llenas de atención (no a mí, por supuesto). Al cabo de unos minutos, una de ellas sacó un volumen, lo miró y exclamó: “Ché, Bukowski, ¡es un cerdo!”, mientras buscaba la aprobación de sus dos compañeras. Yo me quedé un poco perplejo, paralizado, y aguardé a que se alejaran para agarrar ese mismo libro y mirarlo detenidamente. Aunque ya conocía de oídas a ese autor paradigmático y controvertido, hasta entonces no había leído ninguna de sus novelas. Pero aquella escena, esa frase con el calificativo de “cerdo” estimuló con un pellizco mi curiosidad todavía adolescente, de modo que decidí comprarme la obra que esa mujer, de aspecto tan culto había desdeñado y me la llevé a casa.

Desde entonces, con el paso del tiempo he leído unas pocas obras más de ese autor y, si bien no lo incluiría entre mis favoritos (al menos en su faceta de novelista) sí que me dio pie a investigar un poco más acerca del tipo de literatura de la que manan algunas de sus influencias, de esa corriente tan particular conocida como “el realismo sucio”. Justo cuando me hallaba inmerso en ese proceso, una amiga me obsequió con esta novela, de un autor hasta entonces desconocido para mí, John Fanté, de cuya obra se decía había tenido una importante ascendencia sobre la del icónico escritor de “El cartero”. Formaba parte de una saga de cuatro de la que era el segundo volumen, pero no existía problema en leerlos en desorden, ya que las historias estaban totalmente contenidas en sí mismas. Así pues, procedí a empaparme lentamente de lo que me ofrecía la novela, sin prisas, como siempre. Al acabarla tuve la impresión de que me gustaba más, bastante más que aquellas que las que hasta el momento había leído de Bukowski. Se percibía el mismo ritmo directo, contundente, un modo de contar la historia sin arabescos, sin adornos, yendo al grano, transmitiendo cierta impresión vertiginosa en el lenguaje y empatizando a través de la sinceridad, de la autenticidad fluyente entre las líneas, las palabras como filos de daga. Se refleja en ella la situación autobiográfica de ese joven casi sin recursos, tratando de abrirse paso en el mundo de la literatura, y lo hace sin edulcorar la desesperación egoísta de muchos de sus sentimientos, sin enaltecimientos o lirismos, sino a través de la crudeza con la que van llegando las situaciones aciagas, la verosimilitud y autenticidad de esos personajes que, sin necesidad de ser desarrollados, sin ahondar en sus motivaciones o planteamientos, son perfectamente creíbles, sucios, dotados incluso de cierto punto de maldad. Genuinamente humanos, en suma. Y es esa característica, ese reflejo tan directo, ligero, sin caer en un pretendido moralismo o en lamentos existenciales, de la sociedad media baja de la época, de Los Ángeles en la primera mitad del siglo XX, la rugiente industria del cine colindando con la bajeza de aquellos que mastican el polvo por una oportunidad (en ese aspecto, al menos, no ha cambiado respecto a los tiempos modernos), lo que dota a esta novela del escalofrío de la buena literatura, de las páginas que absorben como un torbellino y después dejan al lector con el sabor de boca de un buen vaso de whisky solo, sin hielo, apenas llenado hasta la mitad.

Crítica realizada por Javier Solís

jsolisros@gmail.com

“Pregúntale al polvo” (John Fante)

Lentes de Honor: Stephen Shore – por Eliezer Sánchez

La paz que transmiten las fotografías de Stephen Shore (Nueva York, 1947) queda plasmada en toda su obra desde los años 60 hasta hoy. Color o blanco y negro, cualquier estilo es bueno para la inexpresividad hecha arte. No obstante, esa inexpresividad, esa postal eterna que crea Shore en cada imagen transporta automáticamente a un mundo de papel pintado, una habitación donde se ha detenido el tiempo. Un uso del color tan brillante y extraño al mismo tiempo caricaturiza a sus retratados llevándolos al esperpento.

maxresdefaultNeoyorquino, precoz y autodidacta, Shore tuvo su primer cuarto oscuro con 6 años. Con un comienzo así, uno no se extraña de que haya pasado por decenas de cámaras y formatos a lo largo de su vida y obra, destilando un estilo único en cada uno de ellos manteniendo una línea inconfundible, referente actual de la fotografía en el still life.

Simples americanos retratados por Shore han sido convertidos en iconos, símbolos de una etapa de un país que ve ahora en Shore su mejor reflejo. Un pionero en el uso del color cuando ‘eso’ era algo moderno, una moda, algo que no tenía que ver con los profesionales. Shore supo hacer del color una herramienta para narrar, contrastes extremos, años 70 y carreteras largas y sinuosas que recorrió a golpe de ‘click’ para obtener una obra estática y bella al mismo tiempo.

Los paisajes, las escenas cotidianas transformadas en maquetas, personas inertes, elementos todos ellos bañados en un color Kodachrome inconfundible que Stephen Shore engulle y plasma ante nuestros ojos para que sepamos apreciar el color como nunca se ha hecho.shore_1

Escrito por Eliezer Sánchez

http://www.eliezersanchez.com

Entrevista a los colaboradores – Pepe Roca

Comenzamos la semana conociendo un poco más a nuestro colaborador Pepe Roca!

1. ¿Por qué fotógrafo?

Lo cierto es que llegué a la fotografía de rebote. Siempre me había atraído más la edición y el montaje de vídeo y por eso comencé a formarme como Técnico Superior de Imagen. 
Pero aquél día antes del verano, justo al final de primer curso, que el profesor de toma fotográfica nos hizo aquella “presentación magistral” algo empezó a despertar en mi interior.
Digamos que ahora la fotografía me ha cautivado y he aprendido, sobre todo a ver las tomas de otros fotógrafos de otra manera. Pero por aprender, aún queda mucho (si es que algún día se termina de aprender)
2. ¿Tu mejor virtud?
Soy trabajador y perfeccionista, aunque algo desordenado.
3. Tu defecto más divertido?
A veces soy demasiado perfeccionista… y os he dicho que soy desordenado?? 
También soy un poco gruñón, algo agonías a veces… 
4. Qué quieres ser de mayor?
Algo que me permita tener tiempo y dinero para mi mayor afición (viajar)
5. Cómo te inspiras?
Tengo poco tiempo para buscar la inspiración, la verdad. Espero a que llegue simplemente.
6. Un artista que nos recomiendas.
Hace poco, de casualidad conocí el trabajo de Raúl Urbina. Un fotógrafo joven, de los de casa, nacido en Madrid. La muestra de que todavía hay talento en la juventud.
Sus trabajos sobre Sicilia y Chicago me parecen buenísimos.
Os invito a conocerlo en www.raulurbina.com
7. ¿Nos envías una foto tuya sonriendo?
Adjunto dos fotos en las que sonrío… una muy antigua. He tenido que rascar un poco en mi facebook para encontrar una sonrisa en mi cara. No me gusta sonreir en las fotos, me gusta parecer un tipo serio.
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info@peperoca.es

Sobre Laura Gallego – Por David Desanti

En un pueblo de Valencia, Cuart de Poblet, nació Laura Gallego García. Una autora que tardó exactamente once años en darse cuenta de que su vida estaba encaminada a entretener a los demás a base de historias y cuentos. Nada más y nada menos que escribiendo su primera novela, junto con una compañera de su clase: “Zodiaccia, un mundo diferente”, que nos cuenta las peripecias que tiene que realizar Aurora, una niña de trece años, para reunir los doce medallones del zodíaco, en la isla mágica de los horóscopos. Algo así como las bolas del dragón, pero bastante más elaborado y literario –no olvidemos que hablamos de una niña de once años-. Y muy pronto, a la edad de veintiún años, le llegó su primer premio, con la novela “Finis mundi”. Desde ese momento ya no ha dejado de escribir, llegando a publicar libros tan conocidos y premiados como: La leyenda del rey errante”, “El coleccionista de los relojes extraordinarios”, “Donde los árboles cantan” o la saga de “Crónicas de la torre” 

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Sin embargo, desde la humilde opinión de este servidor, alcanzó superarse definitivamente, con la trilogía de libros “Memorias de Idhún”. Aquel libro cayó en mis manos hace ya más de diez años y no pude dejar de pensar en Verónica, Kirtash y Jack, hasta que logré averiguar lo que les ocurría al final. Una historia escrita al más puro estilo de “La historia interminable” donde los seres fantásticos y las hazañas épicas están a la orden del día. Actualmente no sólo se puede disfrutar de estos tres maravillosos libros, si no que también nos han deleitado con los comics de la historia y hasta un atlas explicativo de todos los seres y acontecimientos que rodean a los idhunitas. Todavía estoy esperando a ver si hay algún director valiente que se atreva a llevar la saga al celuloide.

Escrito por David Desanti.

nscdavidst@gmail.com

Entrevista a los colaboradores – Patricia Corrales

Buenos días!

Hoy conocemos un poco más a Patricia Corrales, una de nuestras ilustradoras.

1.- ¿Por qué fotógrafo/escritor/ilustrador?
      No he querido ser ilustradora desde que era niña, lo que sí que he hecho siempre desde que era niña ha sido dibujar. Ni de números, ni de letras, sino ¡de artes! Fui la típica compañera de clase que hacía los dibujitos para los compañeros, hacía dibujitos metiéndose con los profesores, hacía dibujitos en las pizarras, mesas, cuadernos, libros, puertas de baños y también dibujaba cómics. La que sacaba buenas notas en las clases de plástica, vaya. Pero aun así, al ir creciendo no pensé en ser ilustradora. Supongo que, si en la época del instituto me hubieran preguntado, tampoco sabría ni lo que significaba ser ilustrador. En ése periodo me metí de lleno en el manga y quise ser mangaka pero pasado el bachillerato me empecé a dibujar diferente, dejando de lado el estilo manga y eso me llevó a interesarme mucho más por la parte ilustrada de los libros.Ya trabajando como encuadernadora para la Universidad de Alcalá de Henares fue como poco a poco sentía que el ilustrar era lo mío. (Encuadernar es un trabajo precioso y te permite mucho tiempo para pensar jaja). No he sido nunca buena para escribir historias, me parecía mucho más interesante el poder sacarle el jugo a un texto y plasmar todo aquello que me iba transmitiendo, el poder darle mil vueltas y representar en un papel todo lo que a mi mente le generaba.

A veces es liberador el poder expresar parte de tu mundo interior, de tus vivencias, tu entorno, tu vida! En la obra, siempre cada trabajo lleva una pequeña parte de ti.

Así que, decidí centrar mis estudios en esto y apostar por ello.

2.- Tu mejor virtud?
      Supongo que el ser una persona muy optimista.
3.- Tu defecto más divertido?
      Al hablar gesticulo mucho con los brazos, cara, cuerpo…
4.- ¿Qué quieres ser de mayor?
     De pequeña lo tenía muy claro, quería ser veterinaria, como casi todos, lo de astronauta me parecía excesivo. Tampoco quise ser patinadora del Alcampo como alguna amiga mía. Ahora la verdad es que vivo el día a día y no me preocupo demasiado por el futuro. Así que supongo que de mayor me gustaría seguir siendo persona humana.
5.- ¿Cómo te inspiras?
Me inspiro mucho con el patio de la casa de mi abuela, con los amigos (fuente inagotable). Los momentos de tranquilidad fumando para mí son muy inspiradores (está fatal el fumar!) También el conjugar el trabajo de ilustración con el trabajo con niños como profe y monitora (ellos sí que son una fuente inagotable)
6.- Un artista que nos recomiendes
Bufff no podría decir uno en específico, recomiendo todos los que existen! Aun que sí que es cierto que el trabajo de Patricia Metola en mis inicios fue determinante. Aunque yo haya seguido por otros derroteros ilustrativos, su trabajo, su sensibilidad, sencillez, su mimo… me siguen pareciendo increíbles.
 
7.- ¿Nos envías una foto tuya sonriendo?
   Patricia

Impresiones sobre “La maravillosa vida breve de Oscar Wao” – Por Javier Solís

Recientemente, navegando por internet, leí que este libro había sido elegido por la BBC como el mejor de todos los que habían sido escritos en el siglo XXI. Justo en esos mismos tiempos, cuando yo estaba decidiendo qué novela comenzar a leer a continuación, la tenía entra mis candidatas, pero admito que de todas era una de las que menos me llamaban la atención. Y no porque no tuviera credenciales, pues ya sabía que pocos años antes se le había concedido el Pulitzer, lo que ya la elevaba a los altares literarios del momento, sino seguramente por el desconocimiento casi total de la realidad que en ella se condensaba. Sin embargo, tuvo que ser esa clasificación, siempre frívola como casi todas las comparaciones artísticas, la que me estimulara de algún modo del que me siento poco orgulloso. Fue una especie de “dejarse llevar” por la opinión general para orientarme en la dirección de este texto que, si no, tal vez hubiera estado cogiendo polvo durante meses en la estantería.

A través de una prosa rápida y comprensible, mezcla de una fluida narración con las expresiones coloquiales del lenguaje contextual callejero, la novela de Junot Díaz es la historia de un chico dominicano de Nueva Jersey desde su adolescencia hasta la primera madurez, contada desde el punto de vista de los testimonios de los tipos que le conocieron y de algunos miembros de su familia, protagonista del relato al mismo nivel que el muchacho, pues es a través de las raíces de su madre y de su abuela que se comprende el complejo contexto histórico que envuelve la historia, que desemboca en la situación del protagonista, Oscar Wao, un chaval con sobrepeso y friki en el más amplio y completo significado de la palabra. Pertenece a ese tipo de individuos aniquilados en los institutos por ser considerados raros, perdedores, absolutamente ignorados e incluso ridiculizados por el sexo opuesto, fuente y causa primordial de la mayor parte de los quebraderos de cabeza de los que lo sufren. Pero la imaginativa vida de Oscar y sus desventuras es sólo la excusa, el pretexto para desarrollar una realidad social más compleja acerca de la inmigración dominicana y sudamericana en Estados Unidos, las personalidades proliferantes, las relaciones entre hombres y mujeres, el difícil papel de estas últimas, deseadas como objetos hermosos en mitad de un machismo sofocante. Y, al mismo tiempo, se adentra en el pasado, en los orígenes familiares en Santo Domingo, en la abrumadora y aplastante dictadura de Trujillo, un régimen que nos hace pensar que aquello que escribía Gabriel García Márquez en “El otoño del patriarca” no sólo es posible, sino que puede llegar a quedarse corto al lado de los experiencias que muchos han debido de soportar. Existe, en este tipo de épocas, un condicionamiento social tan salvaje que los resultados se notan en los afectados durante generaciones enteras, un impacto en formas y maneras de pensar, de concebir el propio concepto de ser humano que luego se extiende en el tiempo; se condensa en actitudes y en comportamientos como los que, a la postre, ejemplifican el desenlace de la vida del protagonista, el resultado final de sus obsesiones truncado en una realidad en la que, en muchas ocasiones, la existencia individual no tiene valor alguno.

Crítica realizada por Javier Solís

jsolisros@gmail.com

“La maravillosa vida breve de Oscar Wao” (Junot Díaz)

Lentes de Honor: James Nachtwey – por Eliezer Sánchez

De entre todos los fotoperiodistas del mundo, puede que James Nachtwey (Nueva York, 1948), sea el que más empatía ha demostrado en su trabajo. Este hecho queda reflejado de forma muy palpable en el documental War Photographer (Christian Frei, 2001), donde observamos como el fotógrafo se implica, dejando la objetividad a un lado, y decantándose por intervenir en situaciones de conflicto para salvar vidas. NYC22263

Nachtwey se crió en Nueva York, aunque sus primeros trabajos los realizó en Nuevo México en periódicos pequeños. Posteriormente se hizo freelance para trabajar en revistas como TIME, o para agencias como MAGNUM hasta el año 2001, cuando fundó su propia agencia, VII Photo Agency.

Los trabajos más destacados de Nachtwey han sido en conflictos armados como el del I.R.A. en Irlanda del Norte, Sudáfrica, Latinoamérica, Rusia, Europa del Este, la Unión Soviética o Irak.

En el año 1994, Nachtwey , como miembro del Bang Bang Club (serán las próximas lentes de honor en la revista) estaba cubriendo las elecciones de Sudáfrica (las primeras sin apartheid) cuando fue testigo de la muerte de Ken Oosterbroek, en la que Greg Marinovich quedó gravemente herido.

Posteriormente también fue herido en Irak a causa de una granada, y por último de un disparo en la pierna. Nacthwey es siempre testigo directo de la acción, y como fotógrafo de guerra (aunque sea un término rechazado por los profesionales) siempre ha buscado el “aún más cerca”.james-nachtwey-24

Él es el perfecto ejemplo del sacrificio de la profesión, de las dificultades, de la devastación de la guerra y de la crueldad del ser humano y su trayectoria ha sido recompensada en cinco ocasiones con la medalla Robert Capa de fotoperiodismo.

Escrito por Eliezer Sánchez

http://www.eliezersanchez.com